sábado, 4 de junio de 2016

UCDM. Libro de Ejercicios. Lección 156

LECCIÓN 156

Camino con Dios en perfecta santidad.

1. La idea de hoy no hace sino expresar la simple verdad que hace que el pensamiento de pecado sea imposible. 2Esta idea nos asegura que la culpabilidad no tiene causa, y que, por lo tanto, no existe. 3Es la consecuencia lógica de la idea fundamental que tan a menudo se menciona en el texto, la cual reza así: las ideas no abandonan su fuente. 4Si esto es verdad, ¿cómo ibas a poder estar separado de Dios? 5¿Cómo ibas a poder caminar por el mundo solo y separado de tu Fuente?

2. No somos inconsistentes con los pensamientos que presenta­mos en nuestro programa de estudios. 2La verdad tiene que ser verdad de principio a fin, si es que es la verdad. 3No puede con­tradecirse a sí misma, ni ser dudosa en algunas partes y segura en otras. 4No puedes caminar por el mundo separado de Dios porque no podrías existir sin Él. 5Él es lo que tu vida es. 6Donde tú estás, Él está. 7Hay una sola vida. 8Ésa es la vida que compartes con Él. 9Nada puede estar separado de Él y vivir.

3. Y ahí donde Él está tiene que haber santidad así como vida. 2Él no posee ningún atributo que no comparta con todas las cosas vivientes. 3Todo lo que vive es tan santo como Él, pues lo que comparte Su vida es parte de la Santidad y no puede ser pecami­noso, de la misma manera en que el sol no puede elegir ser de hielo, el mar estar separado del agua o la hierba crecer con las raíces suspendidas en el aire.

4. Hay una luz en ti que jamás puede extinguirse y cuya presencia es tan santa que el mundo se santifica gracias a ti. 2Todo lo que vive no hace sino ofrecerte regalos y depositarlos con gratitud y alegría ante tus pies. 3El aroma de las flores es su regalo para ti. 4Las olas se inclinan ante ti, los árboles extienden sus brazos para protegerte del calor y sus hojas tapizan el suelo para que camines sobre algo mullido, mientras que el sonido del viento amaina hasta convertirse en un susurro en torno a tu santa cabeza.

5. La luz que refulge en ti es lo que el universo ansía contemplar. 2Todas las cosas vivientes se detienen en silencio ante ti, pues reconocen a Aquel que camina a tu lado. 3La luz que llevas con­tigo es la suya propia. 4Y así, ven en ti su propia santidad, y te saludan como salvador y como Dios. 5Acepta su reverencia, pues le corresponde a la Santidad Misma, que camina a tu lado, trans­formando con Su dulce Luz todas las cosas en Su semejanza y en Su pureza.

6. Así es como opera la salvación. 2Al tú hacerte a un lado, la luz que refulge en ti da un paso adelante y envuelve al mundo. 3No proclama que el castigo y la muerte vayan a ser el final del pecado. 4Éste desaparecerá entre jolgorios y risas, pues se recono­cerá su extraña absurdidad. 5Es un pensamiento descabellado, un sueño tonto, ridículo quizá, pero no temible. aMas ¿quién pos­pondría un solo instante su acercamiento a Dios a cambio de un capricho tan absurdo?

7. No obstante, tú has desperdiciado muchos, pero que muchos años precisamente en este pensamiento descabellado. 2El pasado ha desaparecido junto con todas sus fantasías. 3Éstas ya han dejado de hacer presa en ti. 4El acercamiento a Dios se avecina. 5en el pequeño espacio de duda que todavía queda, es posible que pierdas de vista a tu Compañero y que lo confundas con el sueño ancestral e insensato que ya pasó.

8. "¿Quién camina a mi lado?" 2Debes hacerte esta pregunta mil veces al día hasta que la certeza haya aplacado toda duda y esta­blecido la paz. 3Deja que hoy cesen las dudas. 4Dios habla por ti al contestar tu pregunta con estas palabras:

5Camino con Dios en perfecta santidad.
6Ilumino el mundo, ilumino mi mente, así como todas las mentes que Dios creó una conmigo.


¿Qué me enseña esta lección?


Hoy camino, especialmente, con paso firme y la posición erguida. No es una posición que denote altivez o prepotencia, sino todo lo contrario, es un gesto de humildad y santidad, pues es el significado de que reconozco la Santa Presencia del Padre en mí.

Esa visión de Unidad, me llevará a elevar la mirada hacia el cielo y dar gracias al que me ha enviado, pues reconozco mi identidad y me proclamo Su Hijo bien Amado.

¿Qué puedo temer en ese instante santo? El amor se expresa como la única verdad y su luz ha disipado la oscuridad en la que se regocijaba el ego. El miedo ya no tiene presencia en mi mente; la culpa al no encontrar a su fiel aliado, el pecado, se ha fundido en el abrazo que le ofrece el perdón; el castigo ya no encuentra a su víctima y ahora adopta los ropajes del valor; la tristeza ha olvidado las fruncidas muecas de su rostro y presume de una pletórica sonrisa…, es la imagen de la felicidad…

Mi caminar se acompasa al rítmico son de la paz, de la dicha, de la plenitud… Cada paso es certero y me acerca cada vez más a la Morada de Dios. Soy consciente de que Dios es el Camino y que ese Camino se encuentra trazado en mi genética Espiritual.

Hoy es un día muy especial, pues sé que camino con Dios en perfecta santidad, en perfecta unidad.


Ejemplo-Guía: "¿Con quién caminas...?

Si lo has experimentado, sabrás reconocer de lo que te hablo, de lo que nos habla esta Lección. 

Habrás vivido momentos de desolación, de tristeza, de confusión, de miedo y de soledad. Habrás experimentado todas estas situaciones, pues como yo, habrás elegido como tu acompañante de camino al ego. Incluso, habrás confundido momentos efímeros de felicidad, que en un abrir y cerrar de ojos, en un pestañeo, habrán desaparecido de tu vida. Si la felicidad que ofrece el mundo del ego es ilusoria.

Pero un día, decides cambiar al compañero de viaje. Dices adiós al ego, le agradece las lecciones y el aprendizaje que te ha ofrecido, sobre todo el reconocimiento de lo irreal y el verdadero valor de lo real,y decide tomar la mano de Aquel que aguardaba esa decisión con paciente Amor.

Ese instante es glorioso, es un instante santo, en el que te fundes con tu Creador, en el que reconoce la Fuente de donde procedes. Ya no hay dudas, tan sólo certeza. Ya no hay miedo, tan sólo confianza. Ya no hay culpa, tan sólo impecabilidad e inocencia. Ya no hay dolor, tan sólo dicha. Ya no hay tristeza, tan sólo felicidad. Ya no hay enfermedad, ni muerte, tan sólo plenitud y vida. Ya no hay temporalidad, tan sólo eternidad.

Preguntémonos, con quién caminamos de la mano. Si lo has experimentado, sabrás reconocer de lo que te hablo. Tendrás la certeza de que Dios se encuentra presente en cada uno de tus pensamientos, en cada uno de tus sentimientos. Lo sabrás, porque ya no creerás en la separación y en el pecado. Lo sabrás, porque ya no verás, ni percibirás el ataque de tu hermano. Lo sabrás, porque ya no necesitarás levantar elevados muros que te aporten una ficticia defensa. Lo sabrás, porque te verás pletórico, radiante como un sol que desea expandir su luz con la vida. Lo sabrás, sin duda, lo sabrás, y entonces, recordarás que siempre has sido Santo.

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